Que te alumbre la luz

Hechos 9, 3. “Sucedió que, yendo de camino, cuando
estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz
venida del cielo”.

oscuridad, especialmente, para el que se encuentra
en medio de un sufrimiento o una tribulación y no ve
la luz al otro lado del túnel; para quienes tienen una
dificultad económica, un problema jurídico, un duelo
o una enfermedad y no perciben la manera de salir de
ella.

Pero es aún más necesaria la luz para el que está en
el error; para quien está enceguecido por la soberbia,
por un pecado de adulterio que ha destruido su familia,
por una secta religiosa, por un vicio de alcohol,
droga o juego que lo tiene encadenado; para quien
está atrapado dentro de un movimiento de la nueva
era o del satanismo o inmerso en un grave pecado, sin
despertar a la luz.

Isaías 5, 20. “¡Ay de ustedes, que llaman bueno
a lo malo, y malo a lo bueno; que convierten la luz
en oscuridad, y la oscuridad en luz; que convierten
lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo!”.

Deja hoy que la luz de Cristo y su mensaje penetre profundamente
en tu mente y tu corazón, no te resistas.
Busca con ansias el camino de la verdad, la luz de la
vida y clama al cielo para que todo sea iluminado por
su Santo Espíritu y puedas retornar a la claridad del
día, a la alegría de un nuevo amanecer. No endurezcas
tu corazón ni te resistas a la vedad. Aparta de tu vida
todo prejuicio que impide que veas la luz y déjate trasformar
humildemente por su amor.

Clama ininterrumpidamente la luz para que puedas
tomar tus decisiones de manera acertada; clama la
luz en medio de tu problema, clama la luz para ti o
para quien está en medio de la oscuridad, y así pueda
entrar en el gozo de la eterna claridad.

Isaías 9, 2. “El pueblo que andaba en la oscuridad
vio una gran luz; una luz ha brillado para
los que vivían en tinieblas”.

Dios, Padre de amor:
En este día clamamos, en el nombre de Jesús, que nos
regales la luz que proviene de ti para que podamos
despejar toda tiniebla y oscuridad en nuestra vida y en
la vida de todos los que nos rodean. Especialmente,
en aquellos que se encuentran más sumergidos en un
grave pecado o en el error engendrado por la soberbia
y que impide conocer con humildad la plenitud de
la verdad.
Amén.

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Reflexión tomada del libro Una reflexión para cada ocasión II por Juan Alberto Echeverry
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2 comentarios

  • Gracias hermosa oración para meditar bendecido dia!

    Paloma
  • Amén, amén

    Rita gonzalez

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